La Casa

Casa con patio

En los siglos del XIV al XVI se desarrolla un tipo de casa con patio que tiene sus orígenes más remotos en la vivienda mediterránea basada en el modelo de casa romana y no menos influenciada por el concepto de casa musulmana en la que el patio también adquiere primordial importancia. Las casas no aparecían todavía unas unidas con otras formando alineaciones, la continuidad de éstas se establecía mediante los muros de los huertos de los que cada una estaba dotada, como puede apreciarse en algunas zonas todavía. Esta vivienda urbana aparece agrupada en manzanas cerradas en las que cada casa crea su propio núcleo, su propio germen de ordenación, que es el patio en torno al que gira y se desarrolla toda la vivienda. El patio suele ser cuadrangular, de pequeñas dimensiones, adintelado, con pilares poligonales o columnas sobre las que se apoyan las zapatas.

Posteriormente, en el siglo XVI, aparece el patio renacentista, con galería de arcos de medio punto, más propio de las grandes mansiones.

La vivienda consta generalmente de cantinas, en sótano para ubicar la bodega, y a veces entresuelo para la misma

En planta baja se dispone en primer término un zaguán y espacio destinado a caballerizas. En el centro se sitúa el patio y en un segundo cuerpo la cocina, dependencias auxiliares y huerto trasero.

A la planta primera se accede mediante escalera que parte del patio. Todas estas dependencias se ordenan alrededor de la galena de éste.

En el piso superior se sitúan las cámaras bajo cubierta, utilizadas como almacenes, en muchos casos con solana que es un espacio abierto al exterior a modo de mirador orientado hacia el Sur, cuya presencia estuvo relacionada con la existencia muy generalizada de sederos, cordeleros y pañeros que utilizaban esta parte alta para el secado de sus productos.

Esta tipología se desarrolla tanto en grandes palacios como en las casas solariegas.

Vivienda rural

Es la vivienda que corresponde a agricultores y ganaderos. Se encuentra sobre todo en arrabales y periferia. Se trata de una tipología muy simple sobre parcela rectangular. La vivienda de dos crujías ocupa el frente de calles. En la zona trasera aparece el huerto y las dependencias auxiliares, corrales, etc.

En planta baja consta de zaguán, que comunica con el huerto a través de un paso a veces por debajo de la escalera. Se trata de una vivienda utilitaria, funcional. Todo su énfasis decorativo se concentra en la fachada, generalmente en la portada y a voces en el balcón principal sobre la puerta. Consta de planta baja y altillo o planta baja, primera y altillo. A voces tiene también cantinas o bodegas en sótano.

Las portadas

En los exteriores de la vivienda tradicional destaca la portada de cantería sobre la encalada superficie blanca de la fachada.

En los siglos XIV y XV las portadas son más sencillas, adinteladas, con dintel de madera en un primer momento, que posteriormente se sustituye por piedra, éste descansa en salmeres de modillones de rollo de tradición mudéjar o de molduras góticas.

En el siglo XVI destacan dos tipos de portada; una adintelada, con dovelaje despiezado enmarcada con sencilla moldura, y otra de arco de medio punto con clave ornamentada y escudos en las enjutas.

A finales de siglo XVI y en el XVII, manteniendo el mismo esquema de portada adintelada ésta se resalta con un ligero almohadillado.

Casa de pisos del siglo XIX

En la arquitectura civil del siglo XIX hay dos momentos bastante claros: el inicial recoge la tipología de edificios públicos y casas solariegas de siglos anteriores. Del segundo momento nace la casa de pisos, casa urbana. Esta responde a un tipo de vida urbana desvinculada de labores agrícolas. Surge debido a la especulación del suelo urbano, a la necesidad de concentración de la población en torno a las plazas y calles principales. Generalmente se mantiene la parcelación original colmándose las manzanas y disminuyendo el tamaño de patios. Surge el patio entendido como necesidad higiénica. El patio de luces, patio mínimo, no es vivido.

Las casas aumentan su fondo edificado, surgiendo las de tres o cuatro crujías. Este tipo de viviendas, generalmente de aspecto neomudéjar o modernista, puede verse en las zonas de la calle Real, Ancha y Nueva.

 

El Palacio

El palacio, llamado casa principal en Úbeda, constituye un elemento clave en la ordenación física del entramado urbano.

En el siglo XV el prototipo de casa principal tardomedieval está representada por la de Don Luis de la Cueva, con patio de grandes dimensiones, adintelado y pilares ochovados. El siglo XVI será de pujante actividad constructiva entre la pequeña nobleza y hacendados, seguida de cerca por los poderes públicos.

En las primeras décadas del siglo XVI se desarrolla el palacio plateresco, generalmente con portada de arco de medio punto, con grandes dovelas castellanas y minuciosa decoración clásica a base de rosetas, mascarones, columnas abalaustradas, veneras..., junto con elementos retardatarios góticos, con un esquema compositivo que aún no guarda las proporciones y los criterios del puro estilo renacentista. La distribución en planta sigue el modelo de la casa con patio tradicional en la ciudad. Claros exponentes son la Casa de las Torres, el Palacio de los Torrente de la calle Montiel y el de la calle Gradas.

Portada Plateresca de la Calle Gradas

Posteriormente, el palacio renacentista adquiere notable presencia en la ciudad. En este palacio, un rasgo distintivo es el patio columnado central, de mayores proporciones que en las casas solariegas y que junto con la escalera se convierte en el lugar representativo y escenográfico donde se desarrolla la vida de las personas principales, por tanto, donde se concentra principalmente la decoración con elementos ornamentales, heráldica... Está estructurado con galería de doble arcada y columnas de proporciones esbeltas.

Este palacio se caracteriza por una mayor desornamentación, centrando su interés en la armonía y proporciones de los elementos arquitectónicos. Sigue una estructuración y proporciones inspirada en los palacios italianos. La portada tipo es adintelada y flanqueada por columnas o pilastras.

Palacio Vela de los Cobos

La ciudad ofrece uno de los conjuntos palaciegos renacentistas más interesante de España.

Los palacios ubetenses son reflejo de la competición nobiliaria, que se va a potenciar durante los siglos XVI y XVII en una arquitectura civil, más privada que pública, de carácter autoafirmativo.

Será la familia de los Cobos la principal promotora. Su máximo artífice, el arquitecto Andrés de Vandelvira, creará escuela en la ciudad, manteniéndose su influencia posteriormente incluso hasta el siglo XVIII.

Ejemplos señeros son el Palacio Juan Vázquez de Molina o de las Cadenas, el de el Deán Ortega y el de Vela de los Cobos. Se caracterizan por un predominio de horizontalidad, armonía y simetría de influencia italianizante con elementos castellanos y singulares, como el balcón esquinado en los dos últimos.

Otra modalidad de palacio correspondiente a finales del XVI y principios del XVII introduce de nuevo la torre como elemento retardatario, recuerdo medieval de carácter simbólico, combinándolo con un lenguaje manierista, siendo significativos de este tipo el Palacio del Marqués de Mancera y el de los Condes de Guadiana.

Finalmente podemos decir que la tipología de palacio de imponente fachada y patio centralizador porticado es el elemento civil dominante en el siglo XVI.

A lo largo del siglo XVII, los palacios se reproducen tanto en volumen como en detalles de fachada, siguiendo modelos del siglo anterior.

En el siglo XVIII se da paso a un palacio que contrae su dimensión y se transforma, hasta que, a lo largo del siglo XIX y principios del XX, acabará siendo una gran mansión urbana.

 

El templo

Con la conquista cristiana en el siglo XIII se produce una ocupación eclesiológica en la que los templos musulmanes, en un primer momento, fueron transformados al culto cristiano sin hacer apenas modificaciones arquitectónicas. Tan sólo se cambia la orientación hacia la que se dirije la ceremonia religiosa, sustituyéndose la dirección norte-sur por la este-oeste.

En este mismo siglo ya se comienza a construir en estilo occidental: románico tardío o protogótico. Se conservan escasos ejemplos debido a que en 1368 la ciudad fue arrasada y se destruyeron los templos. El más interesante de éstos es la portada de los carpinteros en la iglesia de San Pablo. También San Pedro y Santo Domingo conservan algún vestigio protogótico.

En el siglo XIV el estilo gótico se instala en la ciudad, teniendo como ejemplo más significativo la iglesia de San Nicolás de Bar¡, con una interesante bóveda ojival.

A principios del siglo XVI el obispo de Jaén don Alonso Suárez de la Fuente del Sauce (1500-1520) conocido como el "obispo constructor", fue un gran impulsor del estilo isabelino o gótico final. Mientras la nobleza adopta ya el nuevo estilo del primer Renacimiento, como vemos en la Casa de las Torres, la arquitectura religiosa mantiene esquemas góticos de la mano de este obispo, que intervino en las parroquias de Santa María, San Nicolás, San Pablo y San Isidoro.

La primera portada plateresca en edificios religiosos aparece en la iglesia de Santo Domingo, obra de Diego de Alcaraz, que posteriormente se difundirá en la provincia.

Los templos parroquiales se caracterizan por la superposición de estilos a lo largo del tiempo. En éstos predomina la planta longitudinal de una o tres naves, excepto Santa María que tiene cinco. Poseían cubiertas de madera que fueron sustituidas por bóvedas de crucería o posteriormente de cañón, con ábside poligonal, como en San Pedro y San Pablo, o cabecera plana, como en San Lorenzo.

En el siglo XVI y principios del XVII existió un impulso por transformar la ciudad medieval en un nuevo escenario urbano renacentista. Se remodelan las iglesias y se construyen numerosas portadas monumentales de este estilo en gran parte de las parroquias, como San Lorenzo, Santo Domingo, San Pedro, San Nicolás y Santa María.

Edificio religioso renacentista de nueva planta es la Sacra Capilla del Salvador, cuyo espacio interior de planta centralizada en su capilla mayor, introduce una concepción totalmente renacentista, además de presentar la singularidad de ser una capilla funeraria exenta. Constituye una de las obras cumbre del Renacimiento español.

El estilo Barroco viene de la mano de las órdenes religiosas en los siglos XVII y XVIII. La capilla del convento de la Concepción de las Carmelitas Descalzas nos muestra un barroco clasicista de gran austeridad ornamental, con sencilla fachada y planta de salón, frente al estilo barroco de ampulosa decoración y columnas salomónicas del antiguo convento de la Santísima Trinidad.

Fuente: Guía de Úbeda. Ciudad de Renacimiento. Editado por Ceder "La Loma" y realizado por el Módulo de Promoción y Desarrollo de la Escuela Taller de Úbeda. Ayuntamiento de Úbeda 1995

 

 

master@ubeda.com


Fecha de la última actualización 02/11/07


 

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